12 de enero de 2011

Tiempo de cosecha

Ha pasado algún tiempo desde mi última publicación en éste mi diario virtual. Se han dado tantos sucesos que bien podría haber escrito al menos unos 10 textos, pero no encontraba a la musa de mi inspiración, aquella que me tuvo activa y escribiendo.

En ese entonces creí que mi musa era una persona de carne y hueso, alguien que conmovió la médula de mi ser, pero que decidí dejarla ir y regresarla a mi vida de otra manera. ¿Qué haría ahora sin mi musa? Hubo momentos de extravío al pretender encontrar la respuesta; luego caí en la cuenta, con acierto, de que mi musa no tiene que ser alguien, mi musa es mi propia vida con sus trajines y aventuras: alegres, tristes, confusas, esclarecedoras, deprimentes, exitantes; en fin, de tanto movimiento como una montaña rusa...

Ha empezado un nuevo año que perfila ser de cosecha de algunas semillas que dejé sembradas en épocas anteriores, que ahora se muestran como plantaciones frondosas y llenas de vida con frutos en proceso de maduración. Confío en que el clima siga a mi favor y me permita recoger los frutos; no quiero ninguna tormenta que arrase con los sembríos ni una sequía que los mate de sed, solo el equilibrio en el ambiente y mi oportuna intervención serán mis aliados. Puedo manejar el segundo, pero el primero siempre es incierto. En este punto solo puedo esperar a que todo se dé como tenga que darse, sin embargo, estaré siempre pendiente para manejar los eventos en la medida en que me sea permitido hacerlo. Libre albedrío y destino, mi vida se balancea entre ambos...

21 de diciembre de 2010

Tu llamada...

Anoche recibí tu llamada. No la esperaba. Pensé que era un asunto desterrado de mi memoria y de mi corazón.  Inútilmente, intenté controlar el tono de mi voz para que no cayeras en cuenta del estado de ánimo que suscitó en mí escuchar tu nombre del otro lado de la línea. Sorprendí a mis ojos desaguando sentimientos que quizá reprimí. 

Tu llamada fue un aviso, un mensaje dado en el momento preciso en que buscaba una explicación a tanta energía invertida en otros rumbos, que no me han llevado a ninguna parte. Ahora me encuentro sedienta, agotada, desconcertada; sopesando la magnitud de mis desacertadas decisiones; percatándome que apunté al blanco equivocado...

Toda acción tiene su consecuencia; perderte puede ser la mía. Sin embargo, tengo la posibilidad brindada por tu llamada de acercarme de nuevo a ti, redimir mi culpa y tu dolor. Ahora no es el momento de hacerlo. Espero que pronto lo sea y a tiempo.

20 de diciembre de 2010

Blanco y negro

Blanco o negro. ¿Por qué no guarecerme en los extremos si el mundo se presenta en dualidades? ¡Tonalidades de grises!; alguien me dijo que la vida se mueve en esa gama y, sobre todo, el amor. No entendí nada de aquel mensaje dado entre café, ron, chocolate y tabaco. El Limbo, pensé, pues cómo más podría definir una postura tan ambigua. 

Finalmente, si dos personas se atraen por más razones que solo la química, por qué alargar la espera del inicio de una relación.

¿Tiempo? Para pensar; medir los riesgos; sondear el terreno; estabilizar efectos gravitatorios de experiencias pasadas; ponerle pausa a un ritmo de vida que desconcertó y saturó; encontrarle nuevos sentidos a la vida; conocer mejor a la persona que encanta para no equivocarse en dar el primer paso; ganar tiempo hasta saber qué mismo se quiere...

Desconfianza. Ansiedad. Incertidumbre. Es más fácil saber a qué atenerse y limitar las opciones en el amor a dos: TODO o NADA, pero cuando el planteamiento es cualquier cosa ubicada entre esos dos opuestos ya no es posible visualizar un lugar seguro, porque muy fina es la línea que separa lo real de lo irreal; la verdadera apuesta del juego pasajero.

Por unos instantes quise confiar y entregarme a la aventura de lo gris; hasta traté de convencerme de que sería buena idea; siempre es interesante probar algo nuevo, me dije. La emoción no duró mucho, sigo viendo en blanco y negro...

13 de diciembre de 2010

Senderos...


Caminando estaba ya por varios años, por senderos difíciles de transitar, llenos de obstáculos, que atravesaba con la consigna de que de algo serviría tanto dolor, tantas lágrimas derramadas sobre el suelo cubierto con piedra arenosa y afilada, el cual pisaba descalza. Con el pasar del tiempo, sus pies se volvieron ásperos y callosos para soportar tal travesía, y sus lágrimas se secaron, quizá hasta que la fuente de aquellas gotitas cristalinas se llenara de nuevo.
Cuando la resignación se apoderó de su ser, convencida de que su destino siempre sería así, el camino la llevó a un bosque. Sus pies cansados pisaron en hierba y tierra húmeda; y se alimentó con los frutos que tomaba de los árboles, de aquellos árboles frondosos que parecían inclinar sus ramas ofreciéndole sus criaturas maduras y jugosas.











Se dejó consolar por la brisa apacible que la invitaba a bailar y a sanar sus heridas. El bosque se presentó ante ella como el final de su trayecto; así decidió tomarlo y regocijarse en el disfrute de la tranquilidad que aliviaba su alma cansada.

¿Sería aquel lugar el paraíso? Así lo creía durante las largas caminatas que daba descubriendo todos sus recovecos hasta que encontró un sendero, el primero que veía desde su llegada y el único. La incertidumbre la invadió, pues sintió el creciente deseo de aventurarse fuera de su lugar seguro, pero ¿qué le depararía tal aventura? ¿Sería capaz de regresar al bosque a voluntad o se perdería en el trayecto de regreso? Para qué salir de ahí si, finalmente, entre los árboles había encontrado su tan ansiada paz.

Dio media vuelta para internarse de nuevo en el espacio que sentía suyo, solo siete pasos y dio otra media vuelta, tomó una gran bocanada de aire y con una sonrisa inusitada en los labios se decidió a descubrir qué le depararía aquel sendero desconocido. La vida continúa...

19 de noviembre de 2010

Regresa...

Te escribo en un intento desesperado por reencontrarte, por saber a qué caminos te llevó la vida, qué experiencias estás viviendo que te tienen alejada de mí. ¿Te fuiste para volver fortalecida? ¿Te marchaste para que aprenda a sobrevivir sin tu presencia? Desapareciste para, finalmente, regresar y tomar el lugar que te corresponde en mí.

Eras tan mía que te confundí con el escenario que me rodeaba. Asumí con prepotencia que había hecho lo suficiente para mantenerte siempre dispuesta a salvarme cuando lo necesitara, acompañándome en todas mis travesías como mi escudo de protección; no me equivoqué en lo de ser mi escudo, mi error fue pensar que siempre recibirías las balas por mí.

Debo confesarte que no me percaté de tu ausencia, no al principio. Como mecanismo de protección, supongo, tu espacio fue inmediatamente sustituido por una versión ligera de ti, similar en la forma pero sin ningún contenido, quizá por eso me demoré algún tiempo en darme cuenta de que te habías ido. Tu reemplazo me jugó una treta y me hizo vivir una ilusión paradisíaca; me elevó por los cielos, aceleró mis latidos, me hizo sentir dueña de mis decisiones y del mundo; me hizo creerme superior a muchos y capaz de manejar situaciones inverosímiles; pero, como dije, fue solo una ilusión que ahora intento mantener llenando mi vida de ruido, gente, vicios y en la espera de la consumación de una pasión efímera que llegó vestida de rojo tentación y me lanzó a un agujero negro. Aquella pasión no consumada es la que me hizo darme cuenta de tu silenciosa huida.

Como ves, hoy me encuentro sin ti vulnerable, desnuda, incompleta, vacía; atrapada en un engaño y sometida al vaivén rojo y negro.

¿Qué debo hacer para que regreses? Te invoco por tu nombre, amada Autoestima, vuelve y saca de mí a tu mal reemplazo. Adiós Ego.

8 de noviembre de 2010

Negra consumación

Atrapada en toda una suerte de sensaciones que empiezan a apoderarse de mis sentidos; la siento envolver mi lengua con todo el fulgor de su sabor paradisíaco o, quizá, diabólico sabor, porque tanto éxtasis no podría proceder de lo divino, sino de la tentación de lo prohibido.

Ella se apodera de mí con la sutileza de la fiera que acecha a su presa hasta tenerla tan cerca que es inevitable su extinción. Así, me entrego con la sumisión de aquella que se sabe sentenciada por su verdugo.

Mi cuerpo se estremece, mi sangre hierve y la siento moverse por mis venas; y los pocos intentos que inicialmente hizo mi mente por contrarrestar tanta invasión de delirios se esfumaron; tuvo que rendirse y dejarse elevar o caer en las profundidades del no retorno.

Y unos segundos surrealistas de duración tan relativa como la percepción de eternidad, fui transportada a otro estado de conciencia donde fui fusionada y consumada por el placer.

No tengo otra forma de describir mi experiencia con la tarta de chocolate del Suzette.

2 de noviembre de 2010

Estrella fugaz

Siempre me he sentido profundamente intrigada por las personas que aparecen en nuestra vida como maremoto: destruyendo esquemas, haciendo que nos confrontemos con nuestras creencias, nuestros límites, nuestros principios, que replanteemos nuestros proyectos, nuestra manera de llevar la vida, y no porque esa persona que llega como avalancha lo haga o lo pida de manera explícita, sino porque su sola presencia genera todo esa gama de reacciones y emociones dentro de nuestro ser. Y ahí es cuando entramos en una clase de "crisis existencial", en la cual descubrimos con cierto estupor que esa persona que apareció como fantasma no provocó nada sino que lo detonó, que sirvió como la gota que derramó el vaso.

Cómo explicar este fenómeno tan sui géneris, este alocado ir y venir de ideas y sensaciones que llenan la mente y el cuerpo desde la perturbadora aparición de aquel ser humano, que más parecería un ser venido de otro tiempo, de otra época, de otra dimensión, de otro mundo; un ser salido desde las profundidades de lo oculto, de lo sin nombre, cuya presencia nos evoca una suerte de deseo primitivo y tal vez hasta un miedo reverencial.

Y qué hacer ahora cuándo el replanteamiento de nuestra vida y el deseo de estar con esa persona enigmática se amalgaman y no se ve horizonte ni salida, y lo único seguro que se tiene es saber que no se está seguro de nada, que el ayer ahora no significa nada, el ahora en un segundo será nada y el futuro, simplemente, no existe.

Dulce y terrible maremoto, agua tormentosa de la que salieron todos mis miedos y mis demonios, te pido que seas una estrella fugaz de mi cielo porque no soporto tu luz iluminando mi temible sombra por más tiempo...

23 de octubre de 2010

Mi encuentro con la sombra...

Hoy tuve un proceso de imaginación activa muy revelador e intenso. Escuchando una canción árabe bastante movida y de sonidos exuberantes, cerré mis ojos y me vi en la playa frente al mar; empecé a agitar sus aguas a voluntad al compás del movimiento de mis brazos y manos al igual que una directora de orquesta. Luego calmé al mar y me adentré en él, primero hundiéndome y después saliendo a flote subida en una roca; y ahí en pleno centro de todo mi escenario, de sus aguas apacibles comencé a generar olas galopantes y turbulentas.

El cielo se tornó obscuro y de él hice caer lluvia a cántaros, rayos y truenos; y de las profundidades del mar salir toda clase de animales míticos y quizá hasta desconocidos. Todos nadaban a mi alrededor como demandando algo de mí, como rindiendo culto a su creadora... Hice aparecer un dragón inmenso que lanzaba fuego por doquier y se depositó en una roca muy cerca mío.

Descargué toda mi ira, mi frustración, mi desesperación, mi confusión en la creación de aquel caos que disfruté con sospechoso deleite. De pronto todas las criaturas se transformaron en energía, volaron por los aires y se fueron introduciendo una a una en el centro de mi pecho y podía sentir su poder vital apoderarse de mí; mientras aquello tan inesperado pasaba, las aguas del mar se iban calmando y el cielo despejando; y cuando la última criatura, el dragón, ingresó en mi interior, el mar reposó y las nubes desaparecieron casi en su totalidad permitiendo la salida de un sol radiante cuya luz caía directamente sobre mi pecho, luz dirigida en disposición de puente para que yo, a mi vez, pudiese brindarle al sol mi propia luz.

Justo en este preciso momento la canción se terminó y abrí mis ojos con una sensación de fuerza, esperanza y vitalidad...

14 de octubre de 2010

Justo ahora...

Tiembla la tierra de mis adentros, se parte abruptamente y deja salir emociones y sentimientos como magma, mar de fuego incandescente que arrasa con mi pasado y mis creencias y luego deja el terreno abonado para que llegues tú y lo siembres con tus deseos.

No te esperaba pero llegaste y ahora que estás aquí solo quiero lanzarme a tu encuentro y perderme en ti. Quisiera no medir las consecuencias, quisiera no pensar en lo que pasaría después...he perdido la razón, mis pensamientos solo giran alrededor de ti y me siento esclava de cada movimiento que das en torno a la posibilidad de que pase algo más entre tú y yo.

No te esperaba en este momento de mi vida pero, para ser honesta conmigo misma, es como si siempre te estuve esperando, porque cuando mis ojos se fijaron en ti sentí que mi alma te reconoció y las piezas del rompecabezas de mi existir ocuparon su lugar, pero lastimaron al desprenderse de los lugares donde estaban impregnadas.

¿Por qué la vida no me regaló tu bendita presencia antes? Antes, cuando te buscaba con desesperación en todas partes y en todos los rostros, y se burla de mí poniéndote en mi camino justo ahora cuando ya no te buscaba porque creí, ilusamente, que te había encontrado.

No se requiere morir para ir al cielo, pero tampoco para estar en el infierno. Y justo ahora estoy aquí, tomando conciencia de que no importa la decisión que tome, todas me llevarán al infierno...

16 de septiembre de 2010

"A Dios rogando y con el mazo dando"

Yo que no soy tan amiga del Facebook porque la verdad me da pereza de enterarme de las "novedades" del resto por este medio y, en general, de enterarme del resto por cualquier medio, he intentado no estar tan atrás en esto de las "redes sociales" y, de vez en vez, abro mi cuenta para despejar mi aburrimiento por dos minutos (porque luego de ese tiempo me aburro con el Facebook). En uno de mis trajines encontré la siguiente frase que una de mis buenas amigas había escrito en su muro:

"Actuar por una causa que uno cree buena hasta el punto de olvidarse de uno mismo....MALA IDEA!!!!!... A Dios rogando y con el mazo dando....."

No hubiese querido escribir nada al respecto; pero mi amiga es la que insinuó luego en su muro que yo haría alusión a su escrito y, bueno, no quiero decepcionarla...

Y es que raya en lo irónico que alguien, que se ha caracterizado por olvidarse de sí misma en su cotidiano actuar por las causas perdidas, publique tal mensaje, que debo confesar mi gracia al leerlo. Porque cómo más puedo explicar que alguien que se ha sobreexigido demasiado en su trabajo, hasta el punto de olvidarse de su vida personal y de sus responsabilidades familiares, para colmo siendo esto poco o nada reconocido por su jefe; y que estuvo varios años embarcada en una relación en la que todo el mundo a su alrededor vaticinó un futuro poco alentador, menos ella (relación que consumió mucho de su tiempo, su dinero y su energía), hable ahora de no olvidarse de sí misma.

Sin embargo, en honor a la verdad, debo decir que renunció a ese trabajo y terminó con su pareja; tal vez nunca es tarde para remediar los errores, fijarse nuevas metas y luchar por causas que valgan la pena; porque las peticiones al cielo jamás tendrán su efecto si uno no hace nada por conseguir lo que anhela...

10 de septiembre de 2010

Hoy hubieses cumplido 64 años

Ya son siete años de tu partida, siete años en los que cada día sigo aprendiendo a vivir sin tu presencia y a resignarme a que por más que desee tu regreso solo tu recuerdo me une a ti. Cuando te marchaste mi mundo se desmoronó; cada pensamiento mío giraba en torno a tu ausencia y a las acciones que debí haber hecho para evitar tu partida y a las que hicieron los demás, sí, aquellos que siempre se aprovecharon de tu bondad, para propiciar tal desenlace y que por elección dejé de llamarlos y sentirlos mi "familia", ya que nada hicieron después de que te fuiste, nada...

¿Cómo recobrar las ganas de vivir cuando se ha perdido todo? Porque eso sentí, que todo lo perdí una vez que ya nada pudo hacerse para evitar tu liberación. Yo sigo encarcelada en esta realidad que poco a poco se ha tornado más llevadera, porque aunque el tiempo no curó mi dolor, me enseñó a vivir con la herida, a hacerla parte de mi mente, de mi piel y de mi corazón.

Hoy hubieses cumplido 64 años y te los festejo creando escenas en mis delirios a los que llamo imaginación, viendo tu expresión de felicidad al darte tu regalo, invitándote a un lindo sitio a cenar, qué se yo, a conformarme con la sensación de que hubieses disfrutado cumplir un año más de vida junto a tus dos hijas y a tu nieto, hermoso niño que no conociste, pero que aprendió a decir que estás en el cielo.

8 de septiembre de 2010

De bello a fuegos...

Al nadar había golpeado su pie en quién sabe qué cosa y a pesar de haberle dolido el impacto no le dio mayor importancia y solo se revisó rápidamente, sin percatarse de que uno de sus dedos fue víctima de una pequeña lesión. Salió de la piscina, se duchó, vistió y partió de la mano con su nueva chica de turno, alguien con quien dice tener una relación "sin etiquetas" para evitar los formalismos que conllevan, inevitablemente, al fracaso amoroso...

Ella, a quien llamaremos Nadia, preocupada por el accidente de su ¿pareja?, pidió a Juan chequearse de nuevo su pie para verificar el daño causado por el golpe. Juan, para evitar que Nadia siga insistiendo en algo tan absurdo para él (ya que ignoró por completo lo que su lesión a tal punto que dejó de dolerle el pie), se sacó el zapato y la media en plena acera, y se alarmó de lo que vio: su cuarto dedo (siendo el dedo gordo el primero) estaba con la piel de su costado izquierdo abierta, era una herida lacerante y provocaba dolor al solo verla; y por esa razón, Juan empezó a sentir de nuevo el dolor que ya había olvidado al salir de la piscina.

Como iban a la casa de un amigo en común, decidieron continuar con su camino. Ya allá, Carlos les proporcionó algo de alcohol y de antibiótico en polvo y Nadia, haciendo de buena enfermera, curó a su "amado" Juan.

Aquella noche, Juan pasó con fiebre, mucha fiebre, y a pesar de que amaneció todo maltrecho tuvo que ir a trabajar porque tenía dos reuniones muy importantes que no podía cancelar. Así lo hizo y, luego de terminar sus reuniones, llamó a los paramédicos de su seguro médico, los cuáles llegaron a su oficina bajo las miradas de asombro del resto de sus compañeros que no se habían percatado que tenían a un "moribundo" entre ellos.

Los paramédicos atendieron a Juan, le mandaron ciertos remedios para su amigdalitis, sí, aquella que contrajo al haber salido de lo caliente de la piscina al frío de la calle sin ninguna precaución; y pese a los lamentos de Juan para que los paramédicos revisen la "grave" herida que se había hecho en el dedo del pie, tuvo que conformarse con la respuesta de los entendidos, que le dijeron que su dedo estaría muy bien.

Juan salió del trabajo unas horas antes con la veña de su jefa que lo vio muy decaído. Llegó a su casa en una tembladera completa; tomó sus medicamentos y se dispuso a dormir; en vez de dormir pasó entre delirio y delirio por la fiebre. En sus alucinaciones habló con los Thundercats, quienes le revelaron el mayor secreto de la existencia y del universo; pero que, lamentablemente, Juan olvidó apenas se despertó. Se levantó y se vio en el espejo del baño y vaya la sorpresa desagradable que se llevó, se vio deforme... Quizá, los Thundercats se vengaron por el tremendo olvido de Juan a sus revelaciones enviándole alguna maldición para opacar su "belleza", que se concretó en tres inmensos, gigantescos fuegos en el contorno de sus labios.

Tuvo que ir a trabajar así porque tenía otras reuniones importantes y tuvo que soportar el asombro de todas las personas que le preguntaban qué era lo que le había pasado; tanto así que uno de sus amigos, por bien hacer, le aconsejó que mejor se colocara un cartel que diga "No soy así, estoy enfermo".

Lo que más lo avergonzara es que Nadia lo viera así, porque no quería perder su "sex appeal" con ella; además, cómo le explicaría que aquella "velada" en la piscina había desembocado en tantos acontecimientos de tortura para él: lesión en el dedo, fiebre, amigdalitis, más fiebre, fuegos, gigantescos fuegos, y vergüenza de presentarse ante el mundo con su nuevo rostro. No quiso enfrentarse a tanto y prefirió verse con Nadia una vez recuperado su rostro y así lo hizo; finalmente, quizá las relaciones "sin etiquetas" impliquen mostrar siempre lo mejor de uno para que nunca termine la magia...